CUENTOS CORTOS
 
Era una oscura tarde de otoño. Las hojas caían, porque era otoño. El perro pasó corriendo entre las sombras mas rápido que un correcaminos garcandose. La vibora lo seguia. El perro detúvose y enfrentóla. Era costumbre del pastor aleman enfrentar sus miedos. El perro dijo: "gutten morggen, schwarzzen hertz, mein hertz brennt..." la víbora, que solo sabia aleman por los temas de rammstein, se le tiro encima y estiro sus brazos abrazandolo y besandolo. El perro apartola con fuerza y gritole: "muchachos, aca ponemos las pilas desde las siete de la mañana, yo no soy ortiva ni nada por el estilo, un poco de pogo alláa nomas!! es lo unico!!!" la víbora, que no tenia un pelo de tonta, ni de nada, porque no tenia pelos, entendio enseguida lo que pasaba. El perro estaba poseido por el cantante de Fun People. Asi que la vibora lo mato rapidamente de una patada y se fue sin mirar atras. Se avecinaban tiempos oscuros en claypole...
 
 
 
 
Era una noche nublada. El sol no iluminaba, porque era de noche. Un mono bajo de su árbol y mato a una mosca. Había querido hacerlo desde hacía años, pero su condición de mono se lo impedía. Por eso intuyó que algo andaba mal. pues el destino se había torcido como popote en chocolatada caliente. El mono había burlado al tiempo. Allí se le apareció Kronos, dios de la eternidad y el tiempo según la mitología rioplatense, y le pidió la hora. El mono le dijo que eran las diez. Kronos le agradeció y se fue cabalgando en su canguro plateado. El mono sonrió hacia el cielo y allí se convirtió en policía: Había superado la prueba final de su entrenamiento...
 
 
 
 
Cayó y cayó como un pájaro que se quedó dormido. El ciervo golpeó con fuerza contra el suelo arenoso de Moscú. El perro lo miró con sus ojos de papel mientras el ciervo yacía inerte en el piso. Una lágrima rodó por su mejilla. Sus ojos se ablandaron con el agua, porque eran de papel. El ciervo levanto la cabeza y miro al perro con sus ojos de papel, pues sus ojos también eran de papel, y le dijo: "moriré por esta caída, amigo mono..." el perro, confundido, contesto: "no soy mono, soy perro". "¿seguro?" dijo el ciervo. El mono se miro a si mismo y vio que efectivamente era un mono. se acerco al ciervo y, agradecido, le dio un cereal fort. Comenzaba una nueva era de amor, pues era la primera vez en mil años que un mono alimentaba a un ciervo en Moscú.
 
 
 
 
Uno, dos, me cabe The doors...", cantaba la rana, "tres, cuatro, aguante Pantro...". Su canción de cuna viajaba por el agua de su estanque mágico como una bala en estado gaseoso. El gallo no se dormía, no importaba cuanto cante la rana, quería quedarse despierto para ver las bellas estrellas del cielo justicialista. "cinco, seis, escucho Ace of Base..." el gallo intentaba no escuchar la bella voz de la rana, solo esperaba ver por fin al cometa Marley surcando el cyber espacio. "siete, ocho, no se me ocurre rima...". el gallo empujo a la rana y se levanto mirando al cielo con ojos felices. allí estaba marley subido a un cuerpo celeste cruzando el aire. Su sonrisa de cristal iluminó el universo y sus sublimes dientes reflejaron el alma del mundo. Marley volaba bajo, "si solo pudiera tocarlo" dijo el gallo. "nueve diez, juego al battle chess..." el gallo se durmió instantáneamente. Cuando despertó Marley no estaba. solo Julian Weich acostado a su lado. "¿Te hago el desayuno, bichi?" dijo Julián. El gallo se desanimó. Otra vez había soñado con el estanque mágico.
 
 
 
 
¡Mátenme!, ordeno el rey tortuga a sus discípulos, ¡jamás viviré en un mundo sin Freshy!, Era la última etapa de la helada estival, cuando las cosechas se sesgan y las picaduras se rascan. Aquel había sido un año de calamidades para los habitantes del reino de Dulcelandia. El Tucán se había marchado por la noche del reino sin haber sido visto y se había llevado la última Freshy consigo mismo. El rey lloraba como un murcielago y su esposa la reina lo miraba con cara de chamamé. "no hay muerte si no hay vida, oh, rey" dijo la mulita, que era el principal consejero del rey tortuga. "cerra el orto, pelotudo", ordenó el rey. La mulita lo cerró y no dijo más. En ese instante cayó una pesada lluvia y se llevó todo el reino de golpe. "¡¡me ahogo!!" gritó el rey y enseguida su boca se llenó de un dulce sabor. Se trataba de una lluvia de Freshy. En lo alto del monte Gastaldi apareció el Tucán con su báculo de poder de la aventura, invocando un hechizo al dios de las cabriolas. El tucán se había llevado la última Freshy para hacerle ese regalo al rey tortuga, pues esa había sido su mas reciente petición al Tucán hechicero. El rey se ahogó sin poder evitarlo y toda Dulcelandia se hundió bajo un sabor mas dulce que su propio nombre. Con el fín de Dulcelandia los pueblos esclavos de la tierra de Batatár vieron la libertad. El cadáver del rey tortuga fue colgado en la plaza principal de Pelelia con el caparazón abierto al medio bañando las flores con su sangre azul. La codicia del Rey Tortuga fue su perdición y así murió el mas grande tirano y con el desapareció el mas grande imperio que el mundo haya visto. ya demasiada sangre había sido derramada en el nombre de Dulcelandia y demasiada tristeza había visto ya el gran país de batatár. Ahora sus habitantes viven en paz, y comen mantecol a la luz de la tele si saber que en el fondo de  sus corazones hay sangre que bombea y que pasa por dos ventrículas y dos aurículas viajando luego por las venas y las arterias.
 
 
 
 
"Los controles se derriten, Señor!!" Gritó el almirante Walburth quien gozaba del merito de ser el primer san Bernardo en llegar a ser almirante. A las órdenes del capitán Kich, un Doberman entrenado, el comando Sorombio había tomado por asalto la nave espacial Rosotti, totalmente hecha de chocolate. Los antiguos tripulantes de confite habían sido asesinados por el comando al robar la nave. Walburth escupió en el suelo con cara de ser el mas poronga y repitió lo que acababa de decir. El capitán Kich lamía el suelo con su larga lengua sin prestarle atención. Su barrilito de cerveza se balanceaba como un columpio lleno de borrachos. Walburth intentaba dominar la maquinaria dulce de la nave sin éxito. "No puedo leer nada de esto, esta todo en alemán!", gritó el cabo Reyes quien intentaba leer las indicaciones de los paneles cósmicos con sus ojitos de pekinés. Torres, el ovejero alemán teniente, se acercó a verificar. "No es alemán, es Suizo, estamos en una nave de chocolate Suizo!". El sonido de las barras de chocolate del motor era abrumador. "Estamos cayendo, señor!! Quinientos metros, señor!!" la voz de Walburth parecía el sonido de un caracol tocando la batería. "trescientos metros, señor!!". El capitán Kich no sabía que hacer. "Cien metros, Señor!! Chocolisión en cinco, cuatro, tres, dos, uno..." La nave se estrelló contra la mesa de la cocina. Sus choco-fragmentos se esparcieron por todo el piso ensuciando todo de cacao. Alguien debería haber advertido al comando de que no se debe pilotear una choco-nave en verano.
 
 
 
 
El Gato abrió la puerta y cruzó el umbral hacia el sótano. Era una habitación oscura y gigantesca. Jamás se había atrevido a entrar de nuevo allí luego de lo que le había pasado hacía un mes. Temblando de miedo bajó los escalones hacia la super oscuridad. La puerta giratoria del sótano se cerró de golpe a sus espaldas haciéndole escapar una putiada de sorpresa en la absoluta negrura. Estiro sus patitas hacia arriba y encendió la luz, si hubiese sabido que era lo que iba a ver no lo habría hecho, se habría ido del sótano para no volver jamás. Frente a él, contra una de las paredes del sótano se encontraba un gorila. El gorila lo miraba fijamente sin ninguna expresión en su rostro. Solo se quedaba allí apoyado contra la pared y lo miraba y lo miraba y lo miraba. El gato, paralizado como sorete de estatua, no sabía que hacer. El gorila miraba. El gato no reaccionaba. El gorila miraba. El gato no reaccionaba. El gorila miraba. El gato no reaccionaba. De pronto, el gorila comenzó a caminar hacia adelante con un paso muuuuy lento. Sus patas grandotas y negras no hacían ningún ruido al pisar. El gato no se podía mover, sus ojos estaban atrapados dentro del del gorila. El silencio era absoluto. El gorila llegó junto al gato, siempre mirándolo a los ojos y se agacho frente a él. No cabía un alfajor en la distancia que había entre sus rostros. El gato, ronroneando de terror, abría los ojos mas y mas ante la mirada del gorila. El gorila se le acercó aún mas y le dio un besito. El gato gritó hasta morir. Dicen que si pasas frente a la casa, aún se puede oír al gato gritando de terror. Yo no creo en esas pelotudeces, pero estoy viendo a un Gorila frente a mí. Esta parado contra la pared de mi estudio y me mira, y me mira, y me mira...
 
 
 
 
La marmotas no hablan. Sin embargo cantan y muy bien. El rinoceronte le pego una poderosa patada a la marmota del desierto. "Calla, oh, maldito reptil", dijo el rinoceronte, quien estaba siempre malhumorado desde que le clausuraran el boliche por falta de medidas de seguridad. "Tus cantos me recuerdan mis días de Vodevil, cuando mi sueño era tener un boliche propio. Ahora todo acabó y mi mente solo conoce de dolor y melancolía. No hay lugar en este desierto para canciones y alegrías". El rinoceronte se alejó cabizbajo sin mirar atrás. La imagen de sus grandes nalgas le dio una fabulosa idea a la marmota: Volvería en el tiempo y coimearía al inspector que clausuró el boliche del rinoceronte. El plan era perfecto, hasta que de pronto una explosión sacudió el desierto. La arena voló por todos lados como Sandrini en una avioneta. Cuando la polvareda se disipó la marmota los vio. Eran los hamsters rojos del futuro, que venían al pasado a dominar el mundo antes de que las víboras justicieras que los reprimían en su propio tiempo hubiesen siquiera nacido. "Quisiera nunca haber inventado esa maldita maquina del tiempo", dijo la marmota, "no ha traído mas que desgracias". Los hamsters esclavizaron la tierra en nombre de Hamstro el grande y todo fue tristeza y soledad. Sin embargo, el rinoceronte pudo conseguir una nueva habilitación por parte de los hamsters y su boliche se volvió el mas prospero del mundo.
 
 
 
 
El Alce corría por su vida saltando las piedras y esquivando los meteoros. Caían meteoros en esa época del año. Los Gansos cazadores lo perseguían sin dar tregua a velocidad de topo y con voluntad de camello. Le apuntaban y disparaban con sus escopetas de dardos Pocho la Pantera, para luego matarlo y venderlo como cuero para asientos de bici. El alce encontró un hueco bajo un árbol y allí se oculto de los gansos que pasaron de largo gritando frases tales como: "¡A por él!" ó "¡te cogeremos, alce gilipollas, jodé!". El peligro había pasado. El alce se sentó en una raíz que había en el escondite y sintió una punzada en su nalga derecha. Un terror invadió su espalda. Otro terror invadió su cabeza, y otro mas lo que quedaba del cuerpo, que no era mucho porque justo dio que no era un alce muy grande. Se dio cuenta de que el árbol tenía un extraño color bailantero. "Estos gansos hijos de cuca..." dijo el alce e inmediatamente se tapó la boca con sus pezuñas. Una espina del árbol de Pocho la Pantera se le había clavado en la carne. Ya todo estaba perdido. El alce salió de abajo del árbol listo para entregarse y acabar con su sufrimiento, cantando canciones de Pocho mientras sus lágrimas le bañaban la cara sucia por la cacería. No podía esperar para que lo maten y lo vendan en la calle Warnes. Los gansos no estaban por ningún lado. El alce vagó por los bosques hasta que murió de viejo cantando canciones de Pocho y rezando que, por favor, alguien lo matase de una vez.
 
 
 
 
El invierno azotaba las papayas de Arabia. Nada de sol, nada de agua. La ardilla se bajó de su moto y se sacó el casco que lucía una calcamonía de Bart Sinson. "Si vas a meterte en problemas", solía decir la ardilla, "métetelos en el culo". Asi se había forjado la reputación de "la ardilla mas poronga de las costas de Arabia" y aún la mantenía intacta a fuerza de peleas en bares y corridas en acueductos afganos. Caminó hacia el bar de Mohamed Momán, mientras las cámaras del reality show la seguían cual groupies a David Bowie. La ardilla volteó y habló a las cámaras: "Mi abuela solía decir: Ser malo es tan fácil como cagar fuera del inodoro, simplemente no hay que apuntar hacia ningún lado... Yo nunca olvidé esa frase, y espero que ustedes tampoco" Los camarógrafos asintieron solemnemente. "vamos al corte" dijo alguien, y todos descansaron ya fuera del aire. La ardilla se alejó momentáneamente del equipo de filmación y orinó en una de las papayas. El calor del invierno la hacía sentir vieja y cansada. levantó la vista hacia la papaya y una lágrima le cayó por su rudo rostro. "Esto de ser malo es cada día mas difícil..." dijo la ardilla. Se subió el cierre y volvió con el equipo técnico, frotándose la cara y rogando que nadie se diese cuenta de que había llorado.
 
 
 
 
Dicen que los osos no saltan. Yo no sabía que tan cierto era esto hasta que lo descubrí con mi propia nariz. Era época de gansos, cuando yo viajaba con mi oso Olmedo por las cataratas de Junín y Córdoba. Un auto pasó coleando frente a nosotros y el conductor bajó la ventanilla. "Arriba, rápido, antes de que se enfríe!!!" gritó la Morsa que manejaba. Nos subimos a las apuradas y nos comimos los flancitos que nos había preparado la Morsa. Los flanes ya se habían enfriado, así es como se comen. Me quedé seis horas pensando por qué nos habría apurado a comerlos antes de que se enfríen si era lo que correspondía. Ya se estaba por cumplir la hora siete cuando Olmedo vomitó en el asiento. "Me siento mal" dijo el oso con vos rasposa. "Y sentate bien!!" dije yo haciendo gala de un humor rápido e inteligente. Todos reímos por cuatro horas con mi fabuloso chiste. Allí fue cuando Olmedo me miró y me dijo: "che, yo no salto, ni en pedo, eh.." y fué así como descubrí en carne propia que los osos no saltan. Lloré hasta el atardecer. Había empezado a llorar tipo seis de la tarde, así que no fue tanto. Luego la morsa me confesó su amor y yo, aterrado corrí lo mas lejos que pude abandonando al oso. Cambié de nombre y de vida. Ahora soy Johnattan Davies, lider de korn, y me preparo par sacar nuestro disco numero ocho. Es malísimo como los últimos, pero seguro que nos llenamos de plata otra vez!! esaaaaaaa!!!
 
 
 
 
El mandril no lo podía creer. La anguila había atrapado su golpe cósmico de fuerza con una sola mano sin recibir daño alguno. Nadie le había advertido del gran poder de la anguila. "como me rompe cuando nadie me avisa nada" pensó el mandril mientras eructaba en silencio. La cosmoenergía de ambos se confundía en el aire como el humo de los cigarros de Groucho Marx y Aníbal el de Brigada A. La anguila corrió con fuerza hacia el mandril, haciendo volar el polvo de la batalla con sus rápidos pies. Descargó su técnica "ataque eléctrico chiku chiku de energía reiki" en el mandril, pero este no estaba mas. "Claro" dijo la anguila con su acento español "haz hecho una trazlazion inshtantanea, que rápido haz zido, ni yo lo he vizto. azi que tu también conozes esa técnica" el mandril no la escuchaba porque esta en Hawai disfrutando de un margarita con leche a la luz del sol tibetano (porque estes en Hawai o el tibet el sol es el mismo). El sabor salado del margarita le hacía olvidar el duro combate contra la anguila en los profundos abismos oscuros de la montaña Pupeteira. Agarró su celular y llamó a su vieja para avisarle que le dejen comida porque iba a llegar tarde. Ni bien lo atendió, la madre lo puteó porque no había avisado donde iba a estar todo el día. "Ojalá no hubiese que avisarle nada a nadie", pensó el mandril y apuró su margarita que ya se estaba enfriando.
 
 
 
 
En mi casa hay un fantasma que me escucha cuando estoy bajón. Pero tampoco me escucha mucho porque por ahí la deprimo y se suicida y se convierte en un fanta-fantasma, y por eso siempre voy a contarle mis cosas a las plantas del living, pero mucho no puedo hacer ahí tampoco porque es un bajón, ya que todos dicen que hay que hablarles a las plantas pero nadie dice que hay que escucharlas y por eso las plantas siempre están bajón porque nadie les da bola, y peor aun si yo les rompo las bolas con mis boludeces, ya que se que me escuchan porque no tienen opción (si pudieran hablar me mandarían a la mierda). Entonces voy y le cuento los garrones al ahorcado que esta en mi placard, pero el siempre esta re colgado y no me escucha, entonces agarro y me pongo hablarle al aire, pero eso le re jode porque para hablar lo tengo que aspirar y largar y le da asco estar dentro mió. Al final me pongo en el espejo y le cuento las cosas a mi reflejo, pero no esta bueno porque habla al mismo tiempo que yo, como esa gente que te interrumpe cuando estas diciendo algo importante para contarte algo que no tiene nada que ver, y en este caso el espejo no escucha mis problemas sino que me cuenta los de el mientras le hablo. La única que me queda es hablar con el taco que uso para trabar la puerta, pero el es mucho mas copado que yo entonces no da, me siento inferior y me termino yendo a dormir...
 
 
 
 
El robot cantaba una melodía abollada con su voz oxidada que no llegaba mas alto que un LA sostenido ni bajaba mas allá de un FA, todo en la misma octava. eso le dejaba solo 6 notas: LA, LA sostenido, SOL, SOL sostenido, LA y La sostenido. con tan limitado espectro, el robot se las arreglaba para crear infinitas melodías que salían de su boca rudimentaria. Aún anhelaba tener una de esas modernas bocas de vidrio, de esas que tienen como una luz que se prende cuando hablan pero que se mantiene apagada cuando no están diciendo nada, (había un autobot en los Transformers que hacia eso... no me acuerdo su nombre... creo que se llamaba Hijack) para poder llenar el aire de aún más confusas canciones. De a ratos se miraba el muñón que le salía del hombro y sentía tristeza; una tristeza que lo inspiraba para crear nuevas y profundas melodías. Ranhelag, el robot de los malos, le había arrancado el brazo metálico esa mañana después de perder en el truco. Eso dejó a nuestro robot cantor manco, viéndose obligado a parar los bondis de espalda, ya que el brazo perdido era el derecho. De tanto cantar, el robot empezó a sentir picazón en la garganta. Se rascó con la mano izquierda y de pronto se quedó paralizado: la mano izquierda era de carne, y su garganta también. Ahí cayo en cuenta de que lo único robótico que tenía era su brazo derecho, que había sido construido con partes biónicas luego de que se le pudriera de gangrena de tanto comer frutidedo caliente. Ahora que ya no tenía su brazo robótico era de nuevo humano del todo y esto le trajo una nueva felicidad al robot, ya que su recuperada humanidad le traería nuevas notas a sus canciones. Pero no duró mucho porque el brazo metálico que le faltaba justo tenía incluida una arteria que viene del corazón, así que le salió un montón de sangre y se murió.
 
 
 
 

¿Cuantas gotas hacen falta para que se me rebalse el jugo?
¿Cuanta sangre hay que derramar para conseguir chocolatada de otros sabores que no sean chocolate?
¿eh?

Estas y muchas otras preguntas se hacía Prulín, el duende metalero de las golosinas, mientras vagaba por San telmo. Sacó un paquetito de caramelos hardcore y se llevó uno a la boca (entienden, no? hardcore = Arcor), pero por mas que se esforzó no logró revivir el gran sabor de esos fantásticos caramelos duros. El metal había sido aniquilado por Airbag, y ahora todas las golosinas sabían igual. Sabían a mentiras. mentiras que plagaban el aire como caca teñida de dorado; como la música despreciable de una banda cuyo baterista no entiende que la estética glam murió antes de que él naciera. Ese aire pútrido que salía de los altavoces de much music (que queda en san telmo) estaba acabando con la vida del planeta, arruinando los jardines de caramelo de Zakasastan y corroyendo las piedras del gran castillo de confitura Chong, ultimo bastión de los duendes metaleros de las golosinas; y Prulín sabía perfectamente que cuando la última piedra se corroyera el castillo caería y ese sería el fin de todo lo dulce. Por eso, en el último día de su vida, Prulín se preguntó todas las preguntas que jamás había sabido responder. Por última vez. Miró al cielo e imploró una respuesta, que jamás llegó. Murió allí mismo en San Telmo, cuatro horas después. Aún miraba hacia arriba esperando que el gran Tun le respondiese desde los cielos, aunque en su cara había una sonrisa. Antes de morir dejó caer una única lágrima, que bajó por su mejilla árida y llegó a su boca seca. Sintió el sabor salado de la lágrima y sonrió por última vez, ya que entendió que no todo estaba perdido: acababa de descubrir que lo salado también era rico.
 
 
 
 
Las paredes, quietas hasta el fin, lucían igual que siempre. Al parecer nunca se cansaban de estar solas. Un salado sentimiento de tristeza flotaba en el aire, como si el tiempo se hubiese hartado de ser malgastado en ese lugar. La cigüeña con anteojos abrió la puerta de golpe y se arrimó a una esquina con una sonrisa tan grande que parecía una victima de El Petiso Orejudo, el Jack el destripador de nuestras pampas Argentinas, tierra de gauchos, biromes y pagadioses. La cigüeña cerró la puerta y se concentró. Todas las noches era visitada por Peto y Poto. LA felicidad llegó al ver a los dos patos verdes que salían del suelo haciendo un ruido parecido al de los bondis cuando frenan así tipo iiiiiii! "¡Patos!" dijo la cigüeña, "¿como estáis? estaba deseoso de veros nuevamente esta noche, oh, aves celestiales amigas locas". Los patos se miraron uno al otro con esa mirada que solo un pato puede lograr, algo indescifrable para los pumas o las víboras, pero no para nosotros los humanos. O sea, básicamente se miraron con hartazgo cómplice. "Es viernes a la noche, cigüeña" dijo Peto, el mas autocomplaciente de los dos, "¿otra vez nos sentaremos aquí a platicar sobre videojuegos viejos?". La cigüeña dejo de lado su sonrisa para dar paso a una expresión de incredulidad. "pero..." dudo la cigüeña, "sois mis amigos imaginarios... lo mínimo que debéis hacer es coparse con las banalidades que os cuento...". Los patos sostenían una paciente expresión de prudencia. "La gente normal sale de tapas los viernes a la noche, cigüeña, ¿no creéis que deberíais intentar lo mismo?¿no os parece que los otros animales de la selva se divierten mas relacionándose entre ellos, que tú, que pasáis noche tras noche hablando con nosotros, los patos locos, quienes somos tan intangibles y frios al tacto como una ventisca en las bolas en medio de la noche plutonica?". "No me gusta ir de tapas", dijo la cigüeña, ya un poco mas intolerante con sus amigos de mentira. "Es lo que todos los animalitos de la selva hacen. Van de tapas, se levantan animalas, y todo eso". La cigüeña desvió la mirada de los patos, delatando su falta de convicción. "Tu sabes que a tí te gustaría poder disfrutar de todo aquello con ellos, como disfrutas pasar el nivel 100 del bubble Bobble (la versión de NES, no la de Commodore 64 ni la de Master System) sin haber perdido una sola de tus vidas?". "pero es que vivo en Martin coronado..." retrucó la cigüeña, "...estoy tan lejos de todo". "Las excusas no se filman!", recontraretrucó Poto. "Mira en tu interior y piensa seriamente que es lo que debéis hacer". Los patos se desvanecieron en la niebla que había surgido en la habitación cuando uno de los patos prendió una maquina de humo sin que nadie se diese cuenta. La cigüeña tomó su celular y lo miró fijamente. Comenzó a escribir un mensaje de texto: CHE, ¿HACEIS ALGO HOY A LA NOCHE?, pero se interrumpió de golpe al ver que en la tele de la habitación comenzaba un capitulo de the Surreal life por VH1. Esa noche era la maratón del reality, y la cigüeña no habría de perdérsela.
 
 
 
 
Tres víboras viajan en un Renault 12 a la medianoche por la ruta 12 en el decimosegundo día de diciembre. La primera se llama Esteban, una cobra negra que puede estar cuatro horas discutiendo sobre Bush y la política internacional hasta darse cuenta de que nadie le presta atención. Como nadie le presta atención es obvio que va en el asiento trasero, ya que así es mucho mas fácil ignorarla. En el asiento del acompañante repta María, una coral que estudió canto clásico en el Manuel de falla y que nunca dice nada. Solo canta diciendo Lalalala ya que ni siquiera así se le puede sacar una confesión. Un sonido grave bajo el auto interrumpe el discurso de Esteban y las hace saltar a las 3 hasta casi golpearse las cabecitas contra el techo. El auto frena y todas miran por los espejos retrovisores. Hay un bulto inerte a unos 3 metros del auto. La puerta del conductor se abre y baja Batista, una pitón de 5 metros que solo dice la verdad. Batista es el único que tiene las agallas para manejar un auto a las 12 de la noche en ruta 12. se acerca al bulto sin miedo alguno y patea el bulto que está envuelto en una alfombra del tamaño de un animal grande. Batista escupe a un costado y se acomoda el sombrero de cowboy que le regalaron en su cumpleaños de hace 3 años, después de haber insistido durante toda su vida con que era fanático de Wyatt Earp. Se agacha y desenrolla la alfombra de un tirón desplegando su contenido bajo la arrasante luna de la ruta 12. Esteban y María miran desde la reconfortante sombra del interior del auto sin atreverse a mencionar palabra alguna, habilidad gracias a la cual María había ganado el primer premio en el tercer concurso anual de silencio Kurt Cobain en Estados Unidos y Larrazabal. Ninguno de los dos llega a ver la cara de terror de Batista que observa aterrorizado el contenido de la alfombra. Vuelve a enrollarlo y lo deja allí abandonado. Entra al auto y arranca sin decir palabra ante la mirada inquisitiva de las otras dos víboras. Batista jamás habló de lo que habían pisado en la ruta 12 esa medianoche de diciembre pero la luna única testigo muda del incidente, recuerda el brillo metálico de una pistola de culata blanca junto a la alfombra y un viejo gorro vaquero pertenecientes al hombre atropellado. Dicen que cuando uno viaja por la ruta 12 a las 12 de la noche en un Renault 12 el 12 del 12 y es una víbora, puede matar al mayor de sus sueños con el parachoques del auto envuelto en una alfombra.
 
 
 
 
Había una vez un gusano sangriento que se llamaba Aníbal. A Aníbal le gustaba una chica que vamos a llamar "V". Aníbal le contaba cosas re interesantes a V cada vez que la veía y al parecer V se copaba con esas cosas que Aníbal le contaba, pero faltaba la super chispa que lo quema todo por parte de V. Un día Aníbal se entera de que V tiene novio desde hace como 5672 siglos y el corazoncito de gusano sangriento le hizo BLUUMM!!! Unos días después ya se había olvidado de V y dijo: "ya fue, yo soy un gusano sangriento pero soy copado. Puedo tener a la mina que yo quiera". y se trato de levantar minas pero ninguna le daba bola jamás, y si le daban bola a el no le gustaban, y si le gustaba el se moría de miedo, vomitaba ácido y se iba corriendo. En realidad nunca se había olvidado de V, así que volvió a imaginarse que era capaz de levantársela y hacerle olvidar a su novio. Preparo un plan infalible que entre otras cosas requería una mezcla de bicarbonato con vinagre, pero puso tanto de ambos ingredientes que murió asfixiado. Y así se murió Aníbal, y por supuesto, V nunca se entero, y si se entero no se calentó mucho. A lo sumo habrá dicho: "ah, ¿se murió? que cagada. Era copado. Igual a mi mucho no me calienta porque tengo novio."
 
 
 
 
Cuatro muñecas pobres viajaron a Moldavia de vacaciones. La primera convenció a la segunda, la segunda convenció a la cuarta y la cuarta convenció a la tercera, que ya antes había convencido a la primera. En el medio del viaje, mientras acampaban en una cueva de los cárpatos, la primera tuvo una idea. A la segunda le gusto, a la tercera también y la cuarta terminó aceptando sin mucha discusión. La idea era salir en medio del día y quedarse tiradas en el piso, las cuatro juntas. Tres de las cuatro muñecas insistían en que las cuatro eran igual de lindas menos la primera, que siempre alegaba que ella era la mas linda de las cuatro. Su idea era demostrarlo cuando alguna niña Rumana las encontrase a las cuatro en el piso. Sin duda se las llevaría a su casa volando de contenta ante su feliz hallazgo. Si solo se llevaba a la primer muñeca, eso demostraría que ella era la mas linda de las cuatro, y si la niña se las llevaba a las cuatro por igual entonces todas saldrían ganando al tener un nuevo hogar donde vivir. Así que cuando el sol salió detrás de una cruz de hierro incrustada en la roca las cuatro se acostaron en el suelo intentando parecer abandonadas y perdidas. Cerraron los ojos para que la niña no se diera cuenta de su actuación. Dos horas habían pasado sin que nadie pise el suelo cerca de ellas a menos de quince quilómetros a la redonda, cuando la primera escucho que alguien se acercaba y se detenía junto a ella. Muerta de emoción se mantuvo lo mas quieta posible mientras la tomaban y la movían de su lugar alejándola de las demás. Disimuladamente abrió los ojos para mirar a sus tres amigas y burlarse de ellas pero notó con sorpresa que las demás no estaban en sus lugares. Estaban escondidas en la cueva riéndose de ella a escondidas. Notó con alarma que su cuerpo se humedecía gracias a la saliva del coyote que la había tomado del suelo. Era la última vez que iba a insistirle a las demás que ella era la mas linda. El coyote se alejó a unos arbustos y allí la despedazó completamente arrancándole sus brazos, decapitándola con los dientes y tragándose el resto.
 
 
 
 
El mono se interpuso en nuestro camino. Cuatro metros y medio nos separaban de la salida y dos metros con cuarenta centímetros nos separaban del mono dejando, por consiguiente, una distancia de dos metros con diez centímetros entre el mono y la salida. Mas que suficiente para mantenernos dentro del rango de un gran problema. El mono eructó en nuestras caras con un aliento que era una mezcla de ravioles de verdura y pollo a los cuatro quesos con caca de bebe malo. por un lado muy bueno, por el otro.... malo... muy malo. Era claro que no nos iba a dejar escapar. Yo retrocedí un paso tratando de no pisar el cadáver de Majul pero el tumba no dio terreno al mono. Todos esos años que el tumba había pasado matando perros callejeros golpeándolos con bolsas de Coto llenas de agua no habían sido en vano. Había logrado una confianza y un control en la batalla que personas como Jean Claude Van Damme envidiarían, pero no, por ejemplo, personas como Harry Potter, lo que dejaría a personas como Shang Tsung del mortal kombat 2, que es a la vez artista marcial y hechicero, en algún lugar en el medio, aunque si lo pensamos mejor, el hecho de tener ambas habilidades lo pone en una posición mas favorable que a los dos sujetos anteriores combinados. El mono miró al tumba y a mi se me erizaron los cabellos del culo. ¿Estaría el tumba mirando a su futura parca? ¿estaría el mono mirando a su futuro almuerzo? Yo miraba a dios, que me ofrecía la contemplación de un espectáculo que nunca jamás tendría la oportunidad de presenciar. Las fichas estaban puestas y el tablero estaba manchado de sangre. Todo pasó tan rápido que si Flash lo hubiese visto no habría tenido tiempo de contarlo. El mono saltó hacia el tumba y el tumba lo golpeó con el cuello matándolo al instante. No me miró y comenzó a caminar hacia la salida. Cuando conseguí asimilar lo ocurrido me acerqué a él e intente agradecerle habernos salvado la vida, pero las palabras simplemente no salían de mi boca. Salimos juntos del canal y nos tomamos el 153 hacia puente de la noria. En el momento en que yo estaba listo para agradecerle el tumba me saludo y se bajó. Acabábamos de pasar por la estación de Lanus, que era su destino de bajada, y yo no me había percatado a tiempo. Llegué a mi casa y me fui a dormir. jamás pude agradecerle al tumba lo que había hecho pero siempre lo tendré en mis recuerdos como el hombre que tenía un nombre demasiado cabeza para usar ropa decente.
 
 
 
 
"Pa, ¿me prestas las llaves del auto para ir a la putamadre que lo parió?" dijo el cangrejo a su padre. Papá cangrejo se limpió el sudor de la frente y dejó a un lado el pozo que estaba haciendo en el suelo preparándose a enfrentar lo que siempre había temido. Tomo coraje y contestó: "Hijo, acércate". El niño se acercó a los saltos y miró a su padre con ojos esperanzados sin saber que esperar: ¿algo bueno? ¿algo malo? quizás simplemente algo. O algas. El padre pensó sus palabras un momento antes de hablar dejando un bache de silencio grande como el bache generacional que los separaba. "¿Que somos, hijo mío?" preguntó. "Somos alemanes" dijo el niño. "No, mas allá de eso", "¿mas allá de donde? ¿de Eslovaquia?", "no, no, me refiero a mas allá de nuestra nacionalidad. Somos cangrejos, y los cangrejos somos gente responsable", dijo el padre, conteniendo una lágrima salada. "A veces tenemos responsabilidades chicas como un grano de arena y a veces tenemos responsabilidades grandes como una piedrita. Y ya mas grandes no porque somos cangrejos, no personas que podrían decir: tenemos responsabilidades grandes como un auto, ya que ellos tienen un tamaño mas grande que nosotros". El hijo lo miró confundido y dijo: "Pero, si te acabo de pedir el auto, ¿que me estas diciendo?". El padre no supo que contestar. Su hijo era tan listo ahora como lo había sido él a su edad. "Es cierto, toma las llaves" dijo y le entregó las mismas al niño que tomó el auto y se fue a la putamade que lo parió. Abatido luego de esta conversación y sabiendo que ahora el niño no volvería más agarró la escopeta y se voló el cerebro decorando el techo de la entrada con un motivo tirando al pop abstracto. Ese fue el fin de papá cangrejo y el comienzo de el principio del inicio de una gran amistad entre el cerebro de papa cangrejo y la pintura el techo de la entrada.